Miré a Camila.
—Incluso copiaste mi error.
Su rostro perdió todo color.
Adrián dio un paso.
—Elena…
Lo miré.
—No.
Solo una palabra.
Pero él se detuvo.
Guardé mis archivos.
Realicé mi presentación completa.
Respondí cada pregunta.
Y cuando terminó la reunión, recogí mi computadora.
Adrián vino detrás.
—Necesitamos hablar.
—No.
—Elena, espera.
Me sujetó la muñeca.
Me giré.
—Suéltame.
Nunca antes había utilizado ese tono con él.
Sus dedos se aflojaron.
—Esto se salió de control.
—No.
Lo miré a los ojos.
—Tú lo sacaste de control en el