estudiante había bastado para que dudara…
no necesitaba cinco minutos más para despedirse.
Parte 2
El profesor Herrera me llamó cuando ya estaba frente a la puerta de embarque.
Lucía me miró.
—¿No vas a contestar?
Observé el nombre en la pantalla.
—Es el profesor.
—Entonces sí deberías.
Respondí.
—Profesor.
Su voz sonaba grave.
—Elena, ¿sigues en la ciudad?
—Estoy en el aeropuerto.
Hubo una pausa.
—¿Hoy era tu vuelo?
—Sí.
—No sabía que te ibas tan pronto.
—Mi contrato comienza la próxima semana.
El profesor respiró hondo.
—Necesito contarte