ojos se llenaron de lágrimas.
—Lo siento, Elena.
—Creo que miré tu cuaderno mientras escribía y lo memoricé sin darme cuenta.
No quise hacer un escándalo.
—Cámbialo y ya está.
Eso fue todo.
O eso creí.
El día de la reunión, me levanté para presentar los resultados de seis meses de experimentos.
Todavía no había mostrado la segunda diapositiva cuando Adrián habló.
—Tengo una objeción.
Lo miré.
—¿Cuál?
Él se cruzó de brazos.
—Tu trabajo tiene problemas de integridad académica.
La sala quedó en silencio.
Creí haber escuchado mal.
—¿Qué