LE DIO AGUA A UNA MUJER APACHE ENORME… AL AMANECER, TRESCIENTOS GUERREROS HABÍAN RODEADO SU RANCHO

dijo—. Mi hermano cayó allí.

Shaw soltó una risa breve.

—¿Y debemos creer su palabra?

Tala giró lentamente hacia él.

—No le pedí que me creyera.

El sheriff levantó una mano.

—Déjala terminar.

Ella continuó.

—Uno disparó. Otro tomó nuestros caballos. El tercero me golpeó cuando intenté llegar hasta mi hermano.

Elias recordó la sangre seca en su frente.

Los moretones que el polvo había ocultado.

La manera en que había medido la distancia hasta su caballo.

Nada de aquello había sido miedo sin razón.

Tala había estado huyendo de