Lucía no regresó a casa de sus padres.
Nuria insistió en que se quedara con ella unos días, y Lucía aceptó solo hasta encontrar algo propio. Podía haberse lanzado a comprar un ático, un coche nuevo o cualquier objeto que demostrara que ya no necesitaba a nadie, pero la noche pasada en aquella cafetería le había dejado una lección demasiado reciente: tener dinero no significaba estar a salvo si se utilizaba sin cabeza.
Con ayuda profesional, separó una parte como fondo de emergencia, mantuvo intacta la mayor parte del capital