PARTE 1
La noche del 23 de diciembre, Lucía Serrano descubrió que sus padres ya habían hecho la maleta con la que pensaban echarla de casa antes siquiera de llamarla a la cocina.
Tenía 32 años y llevaba 7 meses viviendo de nuevo en el piso familiar de Zaragoza, después de una ruptura que la había dejado sin vivienda estable y con los ahorros casi agotados. Durante ese tiempo había enlazado 2 trabajos: por las mañanas atendía en una papelería y varias tardes a la semana hacía tareas administrativas para