una pequeña academia. Compraba su comida, pagaba el abono de transporte, lavaba su ropa y evitaba pedir dinero. Su único objetivo era reunir lo suficiente para alquilar una habitación y no volver a depender de nadie.
Aquella noche esperaba una cena sencilla. En cambio, su padre, Antonio, la recibió sentado a la mesa con una hoja escrita a mano. Su madre, Carmen, permanecía de pie junto al fregadero. Marta, su hermana menor, miraba el móvil con una calma que resultaba casi ofensiva.
Antonio empujó la hoja hacia Lucía.
Había conceptos