a un lado.
Daniel ocupaba el centro.
Ese día, cuando llegué, mi lugar estaba preparado en la cabecera.
Me detuve unos segundos.
Recordé algo que mi madre me dijo poco antes de morir.
—No tienes que levantar la voz para tener autoridad, Valeria. Pero nunca confundas paz con silencio.
En aquel momento pensé que hablaba de negocios.
Ahora entendía que también hablaba de mi vida.
Me senté.
La reunión duró 2 horas.
Revisamos nuevos controles internos, cambios de liderazgo, auditorías externas y una estructura donde ninguna persona tendría nuevamente la