capacidad que yo había permitido acumular a Daniel.
Cuando terminó, todos salieron.
Yo permanecí sola unos minutos.
Por primera vez, aquella silla no parecía pertenecerle a nadie más.
Esa tarde fui al banco.
La gerente me condujo hasta una sala privada y colocó frente a mí una pequeña caja de terciopelo.
Dentro estaba el brazalete verdadero de mi madre.
Intacto.
Lo sostuve durante varios segundos antes de colocarlo alrededor de mi muñeca.
Recordé todas las veces que Daniel me había llamado ingenua.
Demasiado emocional.
Demasiado tranquila.
Demasiado débil para dirigir