una empresa.
Él creía que para ser fuerte había que dominar todas las habitaciones.
Yo había aprendido algo distinto.
Puedes guardar silencio y seguir observando.
Puedes amar a alguien y aun así protegerte.
Puedes confiar sin entregar las llaves de tu vida.
Y puedes tardar años en entender que alguien te subestima sin estar obligada a permitirlo un día más.
Miré mi reflejo en el cristal de la bóveda.
La mujer que veía allí seguía siendo la misma que Daniel había dejado dormida a las 2:37 de aquella madrugada.