iba de copiloto con el trofeo sobre las piernas.
Durante varios minutos ninguno habló.
Después bajó la música.
—¿Estás enojado conmigo?
Lo miré de reojo.
-No.
—¿Es seguro?
-Seguro.
—Tenía miedo de que pensaras que quería reemplazarte.
—Mason, nadie puede reemplazar catorce años.
Él sonrió.
—Eso sonó muy de papá.
Me reí.
—Porque soy tu papá.
Mason miró por la ventana.
Después puso una mano sobre el trofeo.
—Lo sé.
—Quería saber qué se sentía.
—También lo sé.
—Pero cuando vi que estabas en las gradas, entendí algo.
—¿Qué?
Mason