A los sesenta y dos años, pasé la noche con un hombre veintiocho años menor que yo. Lo hice porque estaba cansada de ser invisible y porque, por una vez, quería sentir pasión. Pero cuando desperté sola en la habitación del hotel a la mañana siguiente, descubrí algo aterrador…

marchado.

Al principio supuse que había bajado a buscar café.

Entonces miré la silla que estaba junto a la puerta.

Mi bolso estaba abierto.

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Mi cartera se encontraba en el suelo.

Mi teléfono había desaparecido.

Y sobre la mesita de noche, junto a una copa de vino vacía, había un pequeño sobre blanco con mi nombre escrito.

Mis manos comenzaron a temblar antes de que pudiera abrirlo.

Dentro había una fotografía.

Una fotografía mía mientras dormía.

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En la parte posterior habían escrito