El Hombre que Volvió de la Muerte

hacer? —pregunté.
Daniel me tomó la mano. —Vamos a desaparecer. Los dos. Tú y el bebé. Yo los voy a proteger. Pero tienes que confiar en mí.
—¿Cómo sé que eres realmente Karl? —pregunté, con lágrimas en los ojos.
Daniel sonrió con tristeza. —Porque solo Karl sabe que la primera vez que nos besamos, fue bajo la lluvia, en el estacionamiento del restaurante donde trabajabas como mesera. Y me dijiste que olía a cebolla frita.
Empecé a llorar. Porque eso era verdad. Eso solo Karl lo sabía.
—Está bien —dije—.