que las niñas van a contar.
Daniela apretó la grabadora dentro de su bolsillo.
—No vamos a mentir.
Patricia se agachó frente a ella.
—Claro que sí, preciosa. Dirás que viste a Rosa entrar al vestidor. Tu hermana dirá que encontró la pulsera. Y si se niegan, le contaré a su padre que Rosa les metió esas ideas en la cabeza.
—Papá nos va a creer —dijo Martina entre lágrimas.
—¿De verdad?
Patricia le acomodó el cabello con una dulzura falsa.
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Daniela apretó la grabadora dentro de su bolsillo.
—No vamos a mentir.
Patricia se agachó frente a ella.
—Claro que sí, preciosa. Dirás que viste a Rosa entrar al vestidor. Tu hermana dirá que encontró la pulsera. Y si se niegan, le contaré a su padre que Rosa les metió esas ideas en la cabeza.
—Papá nos va a creer —dijo Martina entre lágrimas.
—¿De verdad?
Patricia le acomodó el cabello con una dulzura falsa.
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—Su papá nunca