está. No sabe qué comen, no sabe cuándo tienen pesadillas y ni siquiera sabe que Daniela lleva 2 meses sin dormir bien.
Emiliano sintió que esas palabras le atravesaban el pecho.
Porque eran crueles.
Y también eran ciertas.
Había llenado la casa de lujos, pero no había visto el miedo en los ojos de sus hijas.
Patricia continuó:
—Emiliano me cree a mí. Siempre me cree. Un par de lágrimas, una carita triste y listo. Rosa se va, ustedes se quedan calladitas y después de la boda yo seré su