a creer? ¿Una muchacha de servicio contra la futura señora Duarte?
Rosa sacó lentamente su celular del delantal.
—Tal vez nadie me crea a mí. Pero sí les creerán a ellas.
Patricia le arrebató el teléfono y lo estrelló contra el piso.
—Ya no.
Daniela soltó un grito, pero Rosa permaneció serena.
—Ese no era el único respaldo.
Por primera vez, Patricia perdió el control.
La tomó del brazo y la jaló hacia el pasillo.
—¿Qué guardaste? ¿Dónde está?
Rosa no respondió.
Patricia abrió la puerta de la bodega y