el video, pero era incapaz de mover un solo dedo.
Él continuó sentado junto a mí durante unos segundos eternos.
Y entonces hizo algo que me dejó completamente paralizada de terror…

De pronto, saca su teléfono móvil y comienza a grabarme. Rodea la cama lentamente, buscando distintos ángulos con la tranquilidad de quien realiza una rutina perfectamente ensayada. Después coloca una cámara sobre un trípode, enciende su ordenador portátil y abre una página web.
En cuanto la pantalla se ilumina, siento un nudo en el estómago.
Hay decenas, quizá cientos