Me casé con un kara anciano para salvar la vida de mi padre

de videos. La misma habitación. La misma iluminación. La misma cama. La misma escena una y otra vez. Lo único que cambia son las jóvenes que aparecen inconscientes, completamente indefensas. Debajo de cada grabación, miles de comentarios y donaciones de personas que pagan por contemplar aquel espectáculo macabro.

En ese instante todas las piezas encajan.

Así fue como amasó su fortuna.

Yo no era la primera víctima… y, seguramente, tampoco sería la última. Todas aquellas condiciones que me obligó a aceptar nunca fueron un simple acuerdo, sino una trampa cuidadosamente