dedos sobre ellas y sonrió.
—Ocho años esperando esto.
Daniela tuvo que apartar la mirada para no llorar.
—Yo también.
Su padre se acercó.
—Perdón por creerle.
Daniela negó.
—Él hizo todo lo posible para que ustedes creyeran que yo los había abandonado… y para que yo creyera que estaban bien.
Entonces comprendió cuál había sido realmente la mayor estafa de Mauricio.
No había robado solamente dinero.
Había robado ocho años entre una hija y sus padres.
El dinero podía rastrearse.
La casa podía disputarse.
Pero aquellos ocho años no