pequeña casa había pertenecido una vez a mis padres.
La habían vendido cuando yo todavía era joven y, durante años, había hablado de cuánto echaba de menos aquella cocina, el lugar donde mi madre solía hornear todos los domingos por la mañana.
Unos meses antes, la casa había vuelto a estar disponible para alquilar.
Daniel había visto el anuncio por casualidad.
Llamó a Laura.
Entre los dos decidieron restaurar en secreto la cocina para que se pareciera lo máximo posible a como yo la recordaba.
Miré a Laura.
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“¿Y