mujer lo ignoró y clavó la mirada en mí.
—Antes de que celebres este día, debes conocer la verdad sobre el hombre al que llamas papá.
Un silencio pesado cayó sobre las personas que estaban cerca.
Sentí que el corazón me golpeaba contra el pecho.
—¿Quién eres? —pregunté.
Ella tragó saliva.
—Me llamo Elena. Soy tu madre.
Durante años imaginé aquel encuentro.
Pensé que, si algún día la veía, le gritaría. Le preguntaría cómo había sido capaz de dejar a una bebé en una canasta durante una noche fría.
Pero