en ese momento no pude pronunciar una sola palabra.
Elena abrió la carpeta que llevaba consigo y sacó varios documentos.
—Él no es tu padre biológico —dijo.
Sentí que el suelo desaparecía bajo mis pies.
Miré a mi padre esperando que lo negara.
No lo hizo.
Bajó la cabeza y cerró los ojos.
La verdad que había ocultado durante dieciocho años
Elena explicó que, cuando tenía dieciséis años, había quedado embarazada de un muchacho llamado Gabriel.
Gabriel y mi padre eran mejores amigos.
Pocas semanas antes de que yo naciera,