Mi madre me abandonó en la canasta de una bicicleta cuando tenía tres meses; 18 años después apareció en mi graduación y reveló el secreto que mi padre había guardado toda la vida

bicicleta.

Uno era Gabriel, mi padre biológico.

El otro era mi papá.

En el reverso había una frase escrita con la letra de Elena:

“Uno soñó con conocerte. El otro decidió quedarse”.

Llevé la fotografía hasta la sala y la coloqué junto a la imagen de la graduación de mi padre.

Él se quedó mirándolas en silencio.

—¿Estás enojada conmigo por no haberte contado la verdad? —me preguntó.

Tomé su mano.

—Sí, un poco —admití—. Pero hay algo que nunca fue mentira.

—¿Qué cosa?

Apoyé la cabeza sobre su hombro,