Mi madre me abandonó en la canasta de una bicicleta cuando tenía tres meses; 18 años después apareció en mi graduación y reveló el secreto que mi padre había guardado toda la vida

te dejé frente a la puerta del mejor hombre que he conocido.

Yo te di la vida, pero él te enseñó a vivir.

No quiero que me recuerdes por la noche en que me fui. Recuérdame por el día en que regresé y tú, sin deberme nada, me tomaste de la mano.

Gracias por permitirme conocerte.

Y gracias a él por cumplir la promesa que nunca tuvo que hacerme”.

Al terminar de leerla, descubrí una pequeña fotografía detrás de la hoja.

En ella aparecían dos adolescentes sonrientes, sentados sobre una