cuanto estuvo a su alcance para sacarme adelante.
Renunció a la universidad y comenzó a trabajar en la construcción. Por las noches repartía pizzas y, durante algunos fines de semana, reparaba bicicletas en el garaje de mi abuelo.
Dormía pocas horas.
Aun así, jamás faltó a una reunión escolar, a una presentación o a uno de mis cumpleaños.
Cuando yo tenía cinco años, aprendió a peinarme mirando videos. Al principio, mis trenzas quedaban torcidas y demasiado apretadas. Una vez llegué a la escuela con una coleta tan inclinada que mis