camino. Fats Domino nos regaló una melodía que parecía sacada de un sueño: Blueberry Hill. Aquellos acordes sonaban a hogar, a promesa, a esperanza. Era la melodía que acompañaba los paseos de domingo y los helados compartidos.
Estas canciones, siete décadas después, siguen siendo un puente hacia aquellos años dorados, un recordatorio de cómo la música puede romper barreras y unir corazones a través del tiempo.