El policía humilló a un abuelo en el parque sin saber que estaba tocando al hombre equivocado

Sergio asintió.

Porque los agentes jóvenes confían en sus jefes.

Ese fue su segundo error.

Llegaron a comisaría ocho minutos después.

Sergio sacó a don Manuel del coche de un tirón.

Lo llevó por el pasillo principal, pasando junto a otros agentes que apenas miraron.

Para ellos era rutina.

Un detenido más.

Un sábado más.

Pero la agente Marta Salas, de guardia en recepción, observó la cara de don Manuel y sintió algo raro.

No miedo.

No rabia.

Calma.

Una calma demasiado grande para un hombre esposado injustamente.

—Inspector —preguntó—, ¿