El policía humilló a un abuelo en el parque sin saber que estaba tocando al hombre equivocado

estaba sobre los hombros de su madre.

Al ver a don Manuel libre, señaló con la mano.

—Mamá, mira. El señor bueno está bien. El policía malo no ganó.

Su madre lloró.

—Sí, cariño. No ganó.

Los aplausos empezaron tímidos.

Luego crecieron.

No eran aplausos de fiesta.

Eran de alivio.

De rabia contenida.

De gente que, por una vez, veía consecuencias.

Un periodista preguntó:

—Director Rivas, ¿qué mensaje deja esto?

Don Manuel miró a las cámaras.

A los vecinos.

A las víctimas.

A los agentes buenos que habían tenido miedo