El policía humilló a un abuelo en el parque sin saber que estaba tocando al hombre equivocado

el capitán Javier Robles llevó a doce nuevos agentes al Parque de la Ribera.

Antes de entregarles sus placas definitivas, los hizo pararse frente a la banca.

El parque estaba lleno.

Niños jugando.

Abuelos tomando café en vasos de cartón.

Familias sentadas en el césped.

Y en la banca, leyendo el periódico, estaba Tomás Medina.

Libre.

Tranquilo.

Donde siempre tuvo derecho a estar.

Javier señaló la inscripción antigua.

—Hace tres años, un hombre se sentó aquí esperando a su familia. Un agente creyó que podía humillarlo porque parecía indefenso. Un