Tomás levantó la vista y sonrió.
Javier le devolvió el gesto.
—La placa no los hace buenos —continuó—. El uniforme no los vuelve justos. La autoridad no les pertenece. Se les presta. Y si la usan para pisar a alguien, tarde o temprano la verdad les cobra.
Los reclutas miraron la banca.
Una niña pequeña se sentó junto a Tomás con un helado en la mano.
Su abuelo le pidió permiso con una sonrisa.
Tomás se movió para hacerle sitio.
La banca ya no era de unos pocos.
Era de