¿Alguna vez miraste a la persona con la que compartiste casi toda tu vida adulta y sentiste, de golpe, que no la conocías? A mí me pasó un sábado por la noche, en medio de una fiesta de la empresa, delante de medio mundo.
Gustavo y yo llevábamos veinticuatro años casados. Teníamos dos hijos, una hipoteca casi pagada y tanta historia compartida que yo creía que ya no quedaban sorpresas entre nosotros. Me equivocaba.
La fiesta de fin de trimestre
Los dos trabajábamos en la misma empresa desde hacía doce