ligeramente.
Solo yo pude escucharla.
—Tal vez ya es momento de dejar de convertir todo en un monumento para tu madre.
Sentí que me faltaba el aire.
Miré a mi padre.
Estaba cerca.
Había escuchado.
Esperé.
Solo necesitaba que dijera:
“Basta.”
Una palabra.
Cualquier cosa.
Pero bajó los ojos.
—Lo siento, hija.
Eso fue todo.
Sentí las lágrimas.
No quería llorar frente a Shirley.
Así que caminé hacia la salida.
Entonces Gary tomó suavemente mi brazo.
—Espera.
—Quiero irme.
—Lo sé.
Miró hacia Shirley.
—Pero dame cinco minutos.
—Gary…
—Confía