de que ya era demasiado tarde para cambiar sus vidas.
Yo sabía exactamente lo que se sentía.
¿Y Emma?
Volvió a estudiar.
Dos años después, me envió una fotografía de su graduación.
Debajo había escrito solamente una frase:
“Aquella noche no solo me dejaste entrar en tu casa. Me devolviste mi futuro.”
Me quedé mirando aquel mensaje durante mucho tiempo.
Entonces finalmente comprendí algo.
Emma no había sido la única persona cuya vida había cambiado aquella noche.
Yo había abierto la puerta para ella.
Pero, sin darme cuenta, también