dentro de una pequeña cápsula metálica que perteneció a mi padre. Él guardaba ahí una medalla de San Judas Tadeo.
Pensó esconderla detrás de la figura del santo en su sala.
Pero aquella misma noche Javier apareció inesperadamente en su casa.
—Empezó a buscar por todas partes —susurró—. Abría cajones, movía cosas. Dijo que había perdido unos documentos.
—¿Y tú… te tragaste la cápsula?
Asintió.
—Pensé que saldría naturalmente en unos días.
Pero no salió.
Quedó atorada.
Y mi madre, aterrada de ir al hospital porque sabía que Javier podría