Mi esposo se rio cuando mi madre de 75 años dijo que llevaba meses con un ardor terrible en el estómago: “Solo quiere que gastes dinero en ella”. La llevé al hospital a escondidas. Cuando el médico vio la tomografía, cerró la puerta y me mostró una cápsula metálica dentro de su cuerpo. Minutos después llegó mi esposo. Miró la pantalla, se puso blanco y, sin preguntar qué era, ordenó: “Apáguenla”.

dentro de una pequeña cápsula metálica que perteneció a mi padre. Él guardaba ahí una medalla de San Judas Tadeo.

Pensó esconderla detrás de la figura del santo en su sala.

Pero aquella misma noche Javier apareció inesperadamente en su casa.

—Empezó a buscar por todas partes —susurró—. Abría cajones, movía cosas. Dijo que había perdido unos documentos.

—¿Y tú… te tragaste la cápsula?

Asintió.

—Pensé que saldría naturalmente en unos días.

Pero no salió.

Quedó atorada.

Y mi madre, aterrada de ir al hospital porque sabía que Javier podría