enterarse, soportó el dolor durante meses.
—¿Por qué no me dijiste nada?
Su rostro se quebró.
—Porque cada vez que yo criticaba a tu marido, tú lo defendías. Y porque él ya había empezado a decir que yo estaba perdiendo la memoria.
Javier gritó:
—¡Porque sí la estás perdiendo!
El médico lo señaló.
—Una palabra más y lo sacamos.
Después miró la tomografía.
—La cápsula está causando una infección. Si perfora el intestino, puede provocar septicemia.
Mi madre tomó mi mano.
—Por eso sabía que ya no podía seguir ocultándolo.