iba a volver.
Me senté junto a ella.
—Yo también.
Meses después llegó el juicio.
El abogado de Javier intentó presentar a mi madre como una anciana confundida.
Pero habló la libreta.
Hablaron los videos.
Hablaron los movimientos bancarios.
Hablaron los mensajes amenazantes.
Y habló aquella pequeña cápsula metálica que casi le costó la vida.
Cuando salimos del tribunal, una reportera se acercó.
—Señora Teresa, ¿quiere decir algo?
Mi madre dudó.
Después me tomó la mano y se acercó al micrófono.
—Cuando una mujer mayor diga que algo le duele,