que salvarse fuiste tú.
No hubo un final perfecto.
Las deudas no desaparecieron.
El divorcio tardó meses.
La investigación siguió abierta.
Y yo tuve que reconstruir una vida que durante años había creído segura.
Pero mi madre dejó de sentir aquel fuego dentro del estómago.
Yo volví a entrar en mi propia casa sin pedir permiso.
Y el día que firmé los papeles definitivos del divorcio, mi mano no tembló.
Javier había dicho que mi madre solo quería atención.
En cierto modo tenía razón.
Mi madre llevaba meses intentando que