Parte 1
—Necesitamos 20 millones de pesos, Mariana. Y vas a dárnoslos porque Valeria sigue siendo tu hermana.
Esas fueron las primeras palabras que mi madre me dirigió después de 19 años sin una llamada.
Ni siquiera preguntó cómo estaba.
Yo tenía 35 años y estaba frente a los ventanales de mi departamento en Santa Fe cuando Teresa y Ricardo entraron como si todavía tuvieran derecho a decidir algo sobre mi vida.
Mi padre dejó caer una carpeta sobre la mesa.
—Valeria cometió un error —dijo—. Si conseguimos devolver el