La Sombra y la Luz

El rumor que sacudió el acuerdo tres meses después no comenzó con violencia o tragedia, sino con una transformación que nadie podría haber anticipado. Cuando Lucía cruzó por primera vez el umbral de la casa de Nantan, había esperado una prisión, pero encontró un santuario. El guerrero apache, temido por la gente del pueblo como un marginado despiadado, era en verdad un hombre de profundo honor y sabiduría tranquila.

En lugar de exigir servidumbre, Nantan trató a Lucía con un respeto suave y constante que su propio padre, Joaquín, nunca