No entré en la casa.
Llamé directamente al notario.
—Soy Mariana Ortega. Yo proporcionaré los fondos para la operación de Zapopan.
Hubo una pausa.
—Sí, señorita Ortega. La esperamos para la firma.
—Antes necesito confirmar algo. ¿Puede realizarse la compraventa sin que yo autorice la transferencia?
—No. El pago final todavía no ha sido liberado.
Cerré los ojos.
Todavía estaba a tiempo.
—Entonces deténgalo.
Cuarenta minutos después llegué a la notaría.
Mi familia ya estaba allí.