PARTE 1
—Si no confiesas dónde escondiste la pulsera, hoy mismo haré que te arresten frente a tu hijo.
La amenaza resonó en la cocina de la residencia Del Valle, en Lomas de Chapultepec, mientras Rosa Martínez sostenía una charola de pan recién horneado y trataba de entender por qué Valeria Montemayor la miraba como si ya hubiera decidido su culpabilidad.
Rosa tenía cuarenta y tres años y llevaba seis trabajando en aquella casa. Llegaba desde antes del amanecer, después de dos camiones y un tramo a pie desde la