Parte 1
Mi hija Camila tenía la frente pegada al cristal de una tienda departamental en Polanco cuando vio los zapatos rojos.
Eran pequeños, brillantes, con un moño de satén y una hebilla dorada en forma de estrella. Costaban $3.800 pesos.
Yo ganaba apenas lo suficiente para pagar la renta, la comida y la escuela.
Me agaché junto a ella y le rodeé los hombros.
—Hoy no, corazón.
Camila no lloró. Ni siquiera volvió a pedirlos.
Sacó un lápiz diminuto de su mochila, volteó un recibo viejo y empezó