PARTE 1
—¡Tu madre ya está muerta y yo no pienso seguir manteniendo a un estorbo! ¡Bájate de la camioneta y desaparece de mi vida!
Tenía trece años cuando escuché esas palabras. Mi padre, Ernesto Ortega, me había llevado hasta un camino solitario en las afueras de Morelia. Sacó mi mochila, la arrojó al suelo y comenzó a vaciar una botella de gasolina sobre ella.
—¡Papá, por favor! ¡Ahí tengo las fotos de mi mamá!
No respondió. Encendió un cerillo y lo dejó caer.
Vi cómo el fuego devoraba mis