PARTE 1
Mi esposo me invitó a un lujoso viaje en yate por nuestro aniversario número dieciocho, pero no para celebrar nuestro amor, sino para empujarme al mar y quedarse con mi casa de treinta millones de pesos. Así de escalofriante es la codicia cuando duermes con el enemigo y te niegas a ver las señales.
Me llamo Lucía, tengo cuarenta y cuatro años y durante casi dos décadas estuve casada con Diego. Cuando nos conocimos, no teníamos dónde caernos muertos. Recuerdo que rentábamos un cuartito de azotea en una