La doctora Irene cerró la puerta del consultorio y me pidió que me sentara.
—Lucía, necesito que me escuche con mucha atención. Su hija está protegida aquí. Pero debemos actuar con prudencia.
Yo apenas podía respirar.
—¿Cree que Mauricio le hizo algo?
La doctora sostuvo mi mirada.
—Todavía estamos investigando qué ocurrió. No quiero adelantar conclusiones. Lo importante es que Valeria reciba atención y que nadie la presione para hablar.
Asentí.
Tenía las manos tan frías que apenas podía sostener el teléfono.
—¿Y si él viene?
—Avisaremos al personal de