Mi matrimonio terminó después de cinco años. Sin hijos. Sin bienes a mi nombre. Ni siquiera una sola palabra pidiéndome que me quedara.

PARTE 2
Mi matrimonio terminó después de cinco años. Sin hijos. Sin bienes a mi nombre. Ni siquiera una sola palabra pidiéndome que me quedara.
La casa que alguna vez intenté llamar “hogar” se alzaba en silencio en una calle de Guadalajara, adonde me había mudado desde Puebla para construir una vida con mi esposo.
Cuando crucé la reja de hierro ese día, el sol caía con fuerza sobre el patio de ladrillo rojo.
Pero dentro de mí… solo había frío.
Mi suegra, Doña Carmen Rivera, estaba de pie con