Mi hija me llamó desde la universidad llorando: ‘Mamá, necesito unakara cirugía de corazón urgente’. Conduje 4 horas pensando que podía perderla. Pero cuando llegué, tenía toda la cara vendada y una cuenta de 420,000 pesos esperándome. El médico me recibió sonriendo: ‘Qué valiente fue su familia al aceptar esto’. Yo dejé de sacar la tarjeta.

Parte 1

“Ma, hay algo mal con mi corazón. Los doctores dicen que tienen que operarme hoy.”

La voz de mi hija Daniela llegó rota por el teléfono a las 6:12 de la mañana.

Tenía 21 años y estudiaba en una universidad privada en Puebla, a casi 4 horas de nuestra casa en Querétaro. Durante las últimas semanas me había dicho que estaba cansada, que tenía mareos y que apenas podía dormir por los exámenes.

Pero nunca mencionó su corazón.

“¿Qué te encontraron?”

“No sé bien. Estoy muy asustada.