El juez extendió la mano.
—Entrégueme el dispositivo.
Noah caminó hasta el estrado.
Sus pequeños dedos temblaban, pero no soltó el USB.
Daniel se levantó nuevamente.
—Señoría, esto es absurdo. Mi hijo tiene nueve años. No puede entender—
—Siéntese, señor Pei.
Esta vez Daniel obedeció.
El juez recibió el USB y pidió al personal técnico que revisara su contenido.
La pantalla del tribunal se iluminó.
Apareció una carpeta.
Dentro había varios archivos de audio, fotografías y documentos.
La primera grabación comenzó.
La voz de Daniel llenó la sala.
—Si el