PARTE 1
—En esta casa no quiero hombres desconocidos —le advertí al extraño que apareció frente a mi cerca, empapado por la lluvia, con un perro flaco y una cabra preñada.
Él se detuvo sin tocar el portón. Llevaba una camisa de cuadros, botas gastadas y una vieja hoz sobre el hombro. No parecía ofendido. Solamente bajó la mirada y esperó.
Yo tenía 4 meses de embarazo y acababa de perder la confianza en el hombre con quien había imaginado formar una familia.
Mi esposo, Rogelio, me había abandonado por