PARTE 1
—No firme nada, don Álvaro. La mujer a la que usted cree haber dejado una casa lleva años viviendo en un cobertizo con su hijo.
Doña Pilar me lo dijo en la plaza de San Isidro, entre camionetas polvorientas y puestos de fruta. Yo llevaba una carpeta bajo el brazo y un traje absurdo para aquel pueblo. Había vuelto después de 5 años para resolver unos papeles de una parcela familiar y regresar a Guadalajara antes de la noche. Según yo, Inés y Mateo vivían cómodamente en la